Tiempos postnormales de Ziauddin Sardar y Juego Geopolítico
El fundamento epistémico del Juego Geopolítico.
El análisis geopolítico contemporáneo atraviesa una crisis de
eficacia explicativa. Las teorías tradicionales —realismo, liberalismo,
constructivismo— fueron diseñadas para interpretar un orden internacional
relativamente estable, donde los actores, las instituciones y las reglas del
juego mantenían coherencia y continuidad. Sin embargo, la realidad actual
exhibe comportamientos no lineales, adaptativos y profundamente interconectados
que desbordan esas categorías. Es en este vacío explicativo donde los
planteamientos de Ziauddin Sardar sobre los tiempos postnormales (PNT) ofrecen
una contribución decisiva: no como una teoría geopolítica más, sino como el
fundamento epistémico que justifica y da sentido a arquitecturas analíticas
como el Juego Geopolítico.
Este artículo explora cómo la conceptualización de Sardar —centrada
en la complejidad, el caos y las contradicciones (las "3Cs")—
transforma la manera en que debemos comprender la producción del orden
internacional, y cómo el Juego Geopolítico opera como una tecnología cognitiva
diseñada específicamente para navegar esa nebulosidad estructural.
Abstract
This article examines the contributions of Ziauddin Sardar's
Postnormal Times (PNT) framework to contemporary geopolitical analysis, arguing
that his conceptualization of complexity, chaos, and contradictions (the
"3Cs") provides the epistemic foundation for advanced analytical
architectures such as Freddy Arráez's Geopolitical Game. The analysis
demonstrates that Sardar's framework displaces geopolitical reasoning from
linear prediction toward adaptive navigation under hard uncertainty. Two core
insights emerge: first, the 3Cs constitute structural conditions rather than
temporary anomalies, requiring analytical models that function as cognitive
prosthesis rather than predictive oracles; second, the Three Tomorrows
methodology (Extended Present, Familiar Futures, Unthought Futures) replaces
extrapolative forecasting with an epistemological cartography of ignorance. The
article concludes that the Geopolitical Game validates its utility not through
predictive accuracy but through its capacity to systematically improve
strategic reasoning in postnormal conditions.
Palabras clave
Tiempos postnormales, Ziauddin
Sardar, Juego Geopolítico, análisis geopolítico, incertidumbre dura,
complejidad, caos, contradicciones, prospectiva estratégica, Tres Mañanas.
Keywords: Postnormal times,
Ziauddin Sardar, Geopolitical Game, geopolitical analysis, hard uncertainty,
complexity, chaos, contradictions, strategic foresight, Three Tomorrows.
Las 3Cs como condición estructural
del sistema internacional
El aporte más profundo de Sardar al análisis geopolítico radica en su diagnóstico de que la complejidad, el caos y las contradicciones —las llamadas "3Cs"— han dejado de ser anomalías transitorias para convertirse en la condición estructural del sistema internacional. En su obra fundacional Welcome to Postnormal Times (2010), Sardar describe la época actual como un período intermedio donde las viejas ortodoxias están muriendo mientras las nuevas aún no han emergido, creando un vacío en el que muy pocas cosas tienen sentido bajo los paradigmas heredados. Esta caracterización tiene implicaciones demoledoras para el análisis geopolítico convencional, que durante décadas operó bajo el supuesto de que el futuro era una trayectoria lineal descubrible mediante la extrapolación de tendencias o un conjunto de probabilidades objetivas calculables mediante modelos deterministas.
La complejidad, en términos geopolíticos, significa que los
sistemas internacionales ya no pueden entenderse mediante relaciones causales
lineales simples. Las interconexiones entre actores, recursos, campos y
narrativas crean redes de dependencia donde una acción en el juego de seguridad
puede desencadenar efectos imprevistos en el juego económico, tecnológico o
cognitivo. El caos introduce la sensibilidad a las condiciones iniciales y la
imposibilidad de predicción precisa a largo plazo: pequeños cambios pueden
producir consecuencias desproporcionadas, y eventos aparentemente menores
pueden reconfigurar jerarquías de poder enteras. Las contradicciones, por su
parte, revelan que los actores operan simultáneamente bajo lógicas
incompatibles —cooperación y conflicto, interdependencia y rivalidad,
legitimidad y coerción— sin que estas tensiones se resuelvan dialécticamente.
Lo que el Juego Geopolítico recupera de esta perspectiva
diagnóstico es la comprensión de que la incertidumbre dura no es un fallo
temporal del análisis sino la condición permanente del objeto estudiado. El
modelo no funciona como un oráculo predictivo sino como una prótesis mental
diseñada para estructurar el proceso de razonamiento del analista,
transformando el ruido informativo en inteligencia estratégica accionable.
Esta concepción explica por qué actores con recursos
similares toman decisiones radicalmente distintas: operan desde "torres de
observación" diferentes, mediadas por razones tecnopolíticas (Matus, 2000)
que filtran la realidad de maneras asimétricas. La falacia del análisis
tradicional ha sido tratar el sistema internacional como un tablero de ajedrez
donde las piezas se mueven mecánicamente, cuando en realidad es un ecosistema
de juegos acoplados donde cada jugada modifica las condiciones de todas las
jugadas futuras.
De la predicción a la navegación:
los Tres Mañanas como cartografía de la ignorancia
El segundo aporte medular de Sardar al análisis geopolítico
es su marco de trabajo de los Tres Mañanas, que el Juego Geopolítico integra
orgánicamente para abandonar la lógica predictiva y navegar la ignorancia en
sus distintos grados. Esta metodología reconoce que en tiempos postnormales el
futuro no se descubre sino que se construye mediante la colisión de voluntades
creativas y la interacción estratégica entre actores que también calculan,
anticipan y responden. La prospectiva geopolítica debe por tanto cartografiar los
límites de nuestra comprensión del sistema mediante tres horizontes
epistemológicos diferenciados.
El Presente Extendido
opera bajo lo que Sardar denomina ignorancia simple o plana, y trabaja con las
inercias y tendencias observables del sistema. Es el horizonte de los
"Elefantes Negros": amenazas altamente probables y ampliamente
predichas pero ignoradas por conveniencia política o económica, como la crisis
climática o la fragmentación de la gobernanza liberal. El analista geopolítico
que opera en este horizonte identifica continuidades institucionales y patrones
recurrentes, pero debe permanecer consciente de que este enfoque tiende a
subestimar los cambios disruptivos. Los actores configuradores suelen dominar
este horizonte, utilizando su capacidad de definición de reglas (Cr) para
mantener la "normalidad manufacturada" que legitima su proyecto
hegemónico.
Los Futuros Familiares
operan bajo ignorancia vencible y exploran discontinuidades plausibles, señales
débiles y fenómenos emergentes que aún no han cristalizado pero que son
reconocibles dentro de marcos conocidos. Es el horizonte de los "Cisnes
Negros": eventos raros e impredecibles de alto impacto que desafían los
marcos de referencia existentes. Aquí el análisis geopolítico debe incorporar
perspectivas marginadas —arte, ciencia ficción, activismos periféricos— para
ampliar la conciencia cognitiva más allá de los marcos disciplinarios
tradicionales. Los actores disruptores suelen operar en este horizonte,
introduciendo innovaciones normativas o tecnológicas desde los márgenes del
sistema que obligan a los configuradores a recalcular sus estrategias.
Los Futuros Impensados
confrontan la ignorancia invencible, donde ni siquiera los marcos de referencia
son adecuados para comprender el sistema. Es el horizonte de las "Medusas
Negras": situaciones aparentemente normales que ocultan potencial caótico
y pueden escalar a crisis sistémicas mediante retroalimentaciones positivas.
Aquí el análisis debe deconstruir los axiomas fundamentales de la normalidad manufacturada
y cuestionar los supuestos ontológicos que limitan la imaginación estratégica.
Este es el territorio donde los actores insurgentes o rompedores de reglas
operan, introduciendo subversiones que los configuradores no pueden procesar
con sus herramientas tradicionales.
Implicaciones para el Juego
Geopolítico
La integración de los planteamientos de Sardar transforma
radicalmente la función del análisis geopolítico. Si la incertidumbre es
estructural y el futuro se construye mediante interacción estratégica, entonces
el analista no debe buscar predecir un único futuro sino ampliar el conjunto de
futuros que es capaz de imaginar de manera fundamentada. El Juego Geopolítico
valida su utilidad no por su exactitud predictiva sino por su capacidad
inigualable para mejorar la profundidad, el rigor y la resiliencia del
razonamiento estratégico frente a la nebulosidad de los tiempos postnormales.
Esta concepción explica por qué el modelo identifica nueve
juegos geopolíticos superpuestos —seguridad, gobernanza, economía, tecnología,
energía, ambiente y salud, ideas e identidad, geográfico y demográfico— en
lugar de un único plano de competencia. Cada juego posee su propia lógica de
poder, sus recursos críticos y sus reglas características, pero todos están
acoplados de manera que una acción en uno produce efectos en los demás.
La migración del juego dominante —el desplazamiento del eje
organizador de la interacción de un tipo de juego a otro— altera abruptamente
qué actores tienen ventaja, qué recursos se vuelven críticos y qué reglas
adquieren mayor peso. Esta dinámica solo es comprensible desde una
epistemología postnormal que acepta la coexistencia de múltiples racionalidades
parciales sin reducirlas a una sola.
Asimismo, la tipología funcional de actores —configuradores,
adaptadores, disruptores y reactivos— construida sobre el cruce entre capacidad
de influencia (Ci) y capacidad de definición de reglas (Cr) solo adquiere plena
inteligibilidad cuando se la sitúa en el contexto de las 3Cs.
Un actor puede ser configurador en el juego tecnológico pero
reactivo en el juego de seguridad; su categoría no es estática sino relacional
y situada, dependiendo del campo y del juego dominante en cada momento. Los
doce arquetipos que emergen al cruzar esta tipología con el gradiente
cooperación-competencia-conflicto demuestran que la identidad estratégica de un
actor muta radicalmente según la gramática del juego dominante y el nivel de
incertidumbre o coerción que caracterice el entorno.
Conclusiones
Los planteamientos de Ziauddin Sardar sobre los tiempos
postnormales aportan al análisis geopolítico contemporáneo dos contribuciones
fundamentales que el Juego Geopolítico integra como fundamento epistémico. En
primer lugar, la caracterización de la complejidad, el caos y las
contradicciones como condiciones estructurales —y no como anomalías
transitorias— obliga a abandonar los modelos predictivos lineales y a concebir
el análisis como una tecnología cognitiva de navegación estratégica. En segundo
lugar, la metodología de los Tres Mañanas proporciona un instrumento para
cartografiar los distintos grados de ignorancia y construir escenarios que no
pretenden acertar en la predicción sino ampliar el conjunto de futuros que el
analista es capaz de imaginar de manera fundamentada.
Lo que el Juego Geopolítico descubre, gracias a este marco
epistémico, es que el verdadero desafío del análisis estratégico contemporáneo
no es la escasez de información sino la abrumadora abundancia de datos en un
entorno donde las viejas ortodoxias han colapsado sin que las nuevas hayan
emergido.
Las teorías tradicionales de las relaciones internacionales,
diseñadas para un mundo de actores estables, reglas predecibles y causalidades
lineales, resultan insuficientes para explicar fenómenos como la
armamentización de la interdependencia, la geopolítica de los datos, la guerra
cognitiva o la fragmentación de la gobernanza global. El Juego Geopolítico, al
integrar los planteamientos de Sardar, ofrece una arquitectura analítica capaz
de representar, explicar, diagnosticar, prospectar e intervenir en los sistemas
geopolíticos complejos donde la incertidumbre es la única constante y la
capacidad de adaptación la única ventaja sostenible.
Referencias
Arráez, F. (2026). El Juego Geopolítico. Mérida: Autor.
Sardar, Z. (2010). Welcome to postnormal times. Futures, 42(5),
435–444. https://doi.org/10.1016/j.futures.2010.02.022
Sardar, Z. (2015). Postnormal times revisited. Futures, 67,
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Sardar, Z., & Sweeney, J. A. (2016). The three tomorrows
of postnormal times. Futures, 75, 1–13. https://doi.org/10.1016/j.futures.2015.11.004
Serra del Pino, J. (2021). Building scenarios with the three
tomorrows. World Futures Review, 1–14.
https://doi.org/10.1177/19467567211025562