Hans-Georg Gadamer: El Juego como Ontología

Por qué "jugar" no es una metáfora

Cuando se habla del "Juego Geopolítico", la primera sospecha del lector es legítima: ¿se trata de una metáfora pedagógica para hacer digerible la complejidad de las relaciones internacionales? ¿Es un recurso retórico para ilustrar algo que, en rigor, debería llamarse "sistema", "estructura" o "campo de fuerzas"? La respuesta que sostiene la arquitectura doctrinal del modelo es radical: no, el juego no es una metáfora. Es, más bien, un concepto ontológico de primer orden que ilumina algo esencial sobre la naturaleza de la interacción geopolítica que otros conceptos no logran capturar con la misma precisión.

Para fundamentar esta afirmación, el modelo ha encontrado en la filosofía hermenéutica de Hans-Georg Gadamer —y particularmente en su teoría del juego (Spiel) desarrollada en Verdad y Método— el andamiaje filosófico más robusto disponible. Lo que sigue es una síntesis de las ideas medulares que articulan esta fundamentación.

Abstract

This article develops an ontological-hermeneutic foundation for the Geopolitical Game as a framework for analyzing strategic interaction among actors operating under conditions of complexity and uncertainty. Drawing primarily on Hans-Georg Gadamer’s philosophy of play, particularly the concepts of Spiel, dialogue, alterity, Sache, experience (Erfahrung), tradition, and practical wisdom (phronesis), the article argues that geopolitical interaction can be understood as a relational and dynamic process in which actors simultaneously shape and are shaped by the game in which they participate. The analysis establishes a conceptual correspondence between Gadamer’s understanding of play and the Geopolitical Game’s central notions of interactive calculation, strategic moves, responses, coevolution, rules, and geopolitical production. Particular attention is given to the role of the other as an autonomous interpreter, the fusion of horizons as a mechanism of reciprocal transformation, and experience as a source of strategic learning. The article also examines the relationship between phronesis and Carlos Matus’s concept of technopolitical reason, emphasizing their conceptual affinity while maintaining their theoretical distinction. The resulting framework defines the Geopolitical Game not as a metaphor or as a direct application of game theory, but as a relational architecture for understanding how material, cognitive, normative, and communicative dimensions interact over time. The article concludes by identifying methodological challenges concerning operationalization, empirical validation, and integration with systemic, prospective, agent-based, and system-dynamics approaches.

 

El juego se apodera del jugador

La tesis gadameriana más disruptiva es una inversión del sujeto: el juego no es una actividad que el jugador realiza; es un fenómeno que posee su propio modo de ser y que, en rigor, se apodera del jugador. Como escribe Gadamer, "el sujeto del juego no son los jugadores, sino que el juego mismo es lo que atrae al jugador a su interior, lo que lo mantiene allí y lo retiene".

Traducida al dominio geopolítico, esta tesis tiene consecuencias profundas. El Juego Geopolítico no es un instrumento que los actores utilizan estratégicamente; es una estructura dinámica con lógica propia que configura a los actores tanto como es configurada por ellos. Cuando un Estado ingresa en un juego de seguridad, descubre que la lógica de la disuasión, la acumulación de capacidades y la señalización de resolve operan con una fuerza que trasciende las preferencias subjetivas de cada participante. El juego "juega" al jugador: lo somete a una disciplina estructural que condiciona sus opciones, redefine sus percepciones y transforma sus capacidades.

Esta autonomía relativa del juego explica por qué modificar sus reglas es siempre un proceso costoso, incierto y dialéctico, nunca un acto unilateral de voluntad soberana.

 

 El vaivén: la estructura dialógica del juego

Gadamer describe el juego como un "vaivén" (Hin und Her), un movimiento de ida y vuelta que no se orienta hacia un fin externo sino que se agota en su propia ejecución. Esta estructura es isomorfa con la dinámica del Juego Geopolítico: un proceso continuo de acción, respuesta y reconfiguración donde cada movimiento provoca una respuesta, cada decisión genera una reacción, y ninguna acción se produce en aislamiento.

El modelo operacional lo formula con precisión: el output del juego no es quién gana, sino cómo cambia la configuración del sistema geopolítico —es decir, cómo se altera la distribución del poder, las reglas vigentes, el control de los campos de juego y la capacidad de acción futura—. El juego no termina con una jugada; la jugada modifica el tablero y genera las condiciones para nuevas jugadas. Esta espiral de acumulación y desacumulación de poder es la producción geopolítica en estado puro.

 

 El cálculo interactivo como hermenéutica

Uno de los aportes más fértiles de Gadamer para el modelo es la comprensión del cálculo interactivo como un acto hermenéutico, es decir, interpretativo, circular y situado. El actor geopolítico no calcula sobre un entorno pasivo; calcula sobre percepciones mutuas, intenciones atribuidas, capacidades estimadas y respuestas hipotéticas.

Para Gadamer, comprender no es imponer el propio horizonte sobre el otro, sino exponerse a la pretensión de verdad del otro de tal modo que el propio horizonte se ensanche. Trasladado al cálculo interactivo, esto significa que el actor no puede calcular eficazmente si no es capaz de reconstruir la apreciación situacional del otro —cómo el otro percibe el sistema, qué oportunidades identifica para su propio proyecto, qué jugadas considera viables desde su posición—.

El modelo lo formula con contundencia: "el juego geopolítico no comienza describiendo el mundo, sino reconstruyendo cómo cada actor cree que es el mundo"; es la apreciación de la realidad que percibe a partir de su razón tecnopolítica. Esta reconstrucción es un acto hermenéutico. No se trata de acceder a una "realidad objetiva" compartida, sino de comprender la perspectiva del otro desde dentro de su propio horizonte de sentido. Un actor que calcula sin intentar comprender genuinamente al otro —que proyecta sus propias categorías sobre el adversario— comete un error hermenéutico que se traduce en un error estratégico. La historia de las relaciones internacionales está repleta de fracasos que pueden leerse como fracasos hermenéuticos.

 

 Intersubjetividad y coevolución

La noción gadameriana de "fusión de horizontes" (Horizontverschmelzung) proporciona el fundamento filosófico de una de las tesis más potentes del modelo: la coevolución de los actores. Cuando dos actores geopolíticos interactúan sostenidamente —compitiendo, cooperando, negociando, disuadiendo—, sus proyectos se modifican mutuamente, sus capacidades se ajustan en respuesta a las capacidades del otro, sus percepciones se reconfiguran.

Un Estado que desarrolla capacidades de ciberseguridad en respuesta a las capacidades ofensivas de otro no simplemente "reacciona"; se transforma como actor, redefiniendo su doctrina, sus instituciones, su identidad estratégica. El otro, a su vez, percibe esta transformación y ajusta su propio comportamiento. Este proceso de ajuste mutuo continuo es la coevolución, y la hermenéutica gadameriana muestra que no es un fenómeno contingente sino una consecuencia necesaria de la estructura dialógica del juego. Es lo que sostiene el cálculo interactivo: el reconocimiento del "otro" y su capacidad de acción.

 

Las reglas como tradición viva

La teoría gadameriana de la tradición ilumina de manera singular la concepción de las reglas en el Juego Geopolítico. Las reglas heredadas —el derecho internacional, las normas de soberanía, los mecanismos institucionales— no operan meramente como constricciones externas que los actores acatan por temor a sanciones. Operan también como estructuras de sentido que configuran la percepción de lo que es posible, legítimo y deseable.

Un actor que busca modificar estas reglas no opera desde un espacio exterior a la tradición; opera desde dentro de ella, utilizando sus recursos argumentativos, sus precedentes y sus contradicciones para producir transformaciones. La contestación de reglas es, en términos gadamerianos, un acto hermenéutico: implica reinterpretar la tradición desde una perspectiva que revela sus tensiones internas y sus exclusiones constitutivas.

La tradición se mantiene viva no mediante la repetición mecánica, sino mediante su reinterpretación constante en el encuentro con nuevas preguntas y nuevos interlocutores. Los actores que logran modificar las reglas dominantes son aquellos que consiguen articular una reinterpretación de la tradición que resulte persuasiva para un número suficiente de otros actores.

 

La jugada como acto comunicativo

Una idea particularmente productiva que se extrae de la filosofía gadameriana es la concepción del juego como una forma de comunicación que opera a través de las acciones mismas, no a través de proposiciones lingüísticas separadas de la práctica. En el juego, los participantes se comunican no primariamente mediante declaraciones sobre sus intenciones, sino mediante los movimientos que realizan dentro de la estructura compartida del juego. Cada jugada es un acto comunicativo que transmite información, intención y disposición al otro.

Una maniobra militar en una frontera, una sanción económica, una alianza diplomática, una campaña de desinformación: todas son jugadas que "dicen" algo al otro, que proponen una interpretación de la situación y que invitan —o fuerzan— una respuesta. El modelo operacional lo captura al definir las jugadas como flujos de producción geopolítica —reguladoras, acumuladoras o accionadoras— que tienen intención estratégica, campo donde actúan, recursos movilizados, reglas que usan o alteran, efectos esperados y efectos colaterales.

 

Hacia una ontología del juego geopolítico

La convergencia entre la hermenéutica gadameriana y la arquitectura del Juego Geopolítico permite formular una tesis ontológica de alcance doctrinal: el juego geopolítico no es una metáfora aplicada a las relaciones internacionales, sino la descripción de la estructura ontológica de la interacción estratégica entre actores dotados de agencia, percepción y capacidad de acción en un sistema de campos acoplados.

Esta estructura posee propiedades fundamentales derivadas de la filosofía del juego de Gadamer:

-       Autonomía relativa del juego respecto de las intenciones individuales de los jugadores.

-       Estructura dialógica de vaivén que impide la linealidad causal.

-       Intersubjetividad constitutiva que hace que la eficacia de cada acción dependa de la respuesta del otro.

-       Capacidad transformadora del juego sobre los jugadores (coevolución).

-       Comunicación inmanente a través de las acciones mismas.

El realismo hermenéutico que se desprende de esta fundamentación no niega el conflicto; lo sitúa dentro de una estructura de mutualidad que impide que el conflicto se resuelva mediante la eliminación del otro sin que el propio juego —y, con él, la propia identidad del jugador— se destruya. El otro no es un obstáculo externo que el cálculo debe sortear; es un constituyente interno del cálculo mismo.

 

Por qué esto importa

Esta fundamentación permite posicionar al Juego Geopolítico no como una escuela más dentro de las relaciones internacionales, sino como una arquitectura que opera en un nivel de profundidad ontológica distinto. Mientras las teorías convencionales —realismo, liberalismo, constructivismo— debaten sobre qué variables explican el comportamiento de los actores internacionales, el Juego Geopolítico, respaldado por la ontología hermenéutica del juego, pregunta algo previo: ¿cuál es la estructura del ser de la interacción estratégica misma?

La respuesta gadameriana es que esa estructura es la del juego: un evento dialógico, intersubjetivo, autorreferencial y transformador que posee su propia ontología irreductible a la subjetividad de los participantes. Al asumir esta ontología como fundamento, el Juego Geopolítico se constituye como un modelo capaz de explicar simultáneamente las condiciones que hacen posible el cambio geopolítico, los procesos mediante los cuales dicho cambio se materializa y la unidad elemental desde la cual ese cambio puede ser analizado, comparado y eventualmente anticipado.


No es una metáfora. Es la arquitectura profunda de la realidad internacional.

 

Referencias

Arráez, F. (2026). Arquitectura del Modelo de Análisis en el Juego Geopolítico. Serie Geopolítica. Mérida: Centro de Análisis de Juegos Geopolíticos.

Arráez, F. (2025). El Juego Geopolítico. Mérida: edición digital del autor.

Gadamer, H.-G. (2000). Truth and method (J. Weinsheimer & D. G. Marshall, Trans.; 2nd rev. ed.). Continuum. (Obra original publicada en 1960).

Matus, C. (2021). Teoría del juego social (2a ed. revisada). Universidad Nacional de Lanús.

Sardar, Z. (2010). Welcome to postnormal times. Futures, 42(5), 435–444. https://doi.org/10.1016/j.futures.2010.02.022

Sardar, Z., & Sweeney, J. A. (2016). The three tomorrows of postnormal times. Futures, 75, 1–13. https://doi.org/10.1016/j.futures.2015.11.004

Stockdale, L. P. D. (2016). Taming an uncertain future: Temporality, sovereignty, and the politics of anticipatory governance. Rowman & Littlefield International.

Vilhauer, M. (2010). Gadamer's ethics of play: Hermeneutics and the other. Lexington Books.

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