El Control de los Recursos Estratégicos de la Transición Energética

La disputa por los minerales críticos de la transición energética —tierras raras, litio, cobalto, grafito, galio, germanio, níquel— constituye, en los términos del marco analítico del Juego Económico, un caso que muestra la conversión relacional de recursos en capacidades y de capacidades en posiciones de poder (Arráez, 2026). El marco de trabajo de El Juego Geopolítico establece que la unidad explicativa fundamental no es el recurso aislado, sino la secuencia recursos → capacidades → posiciones → poder → capacidad de acción, y que el poder económico es una propiedad relacional y sistémica, no un volumen de riqueza.

Aplicando ese principio, la cuestión decisiva de la transición energética no es quién posee los yacimientos, sino quién controla los nodos críticos de extracción, procesamiento, refinación y manufactura de los materiales que hacen viables los vehículos eléctricos, las turbinas eólicas, las baterías y la electrónica de defensa. La asimetría estructural del sistema reside precisamente ahí.

La posición dominante corresponde a China, y conviene precisar su naturaleza para no reducirla a un simple dato de producción minera. China extrae alrededor del 60-70% de las tierras raras mundiales, pero su cuota en la separación y refinación alcanza cerca del 90%, y en la manufactura de imanes permanentes aproximadamente el 94%; de hecho, la Agencia Internacional de Energía señala que China es el principal refinador de 19 de los 20 minerales estratégicos más importantes, con una cuota media de mercado del 70% (Agencia Internacional de Energía [AIE], 2025a, AIE, 2025b, AIE, 2026).

Esto confirma la hipótesis central del modelo de Arráez: la centralidad en determinados flujos puede producir un poder desproporcionado respecto del volumen absoluto de recursos poseídos. La dominación china no es principalmente minera sino de cuello de botella: el mundo occidental posee reservas de tierras raras, pero carece de la infraestructura de refinación, la experiencia técnica y la escala para valorizarlas; China controla además cerca del 98% del galio refinado y una posición análoga en germanio y grafito de grado batería (CSIS, 2025, CFR, 2026). El caso del cobalto complementa el cuadro desde otro ángulo: la República Democrática del Congo concentra más del 60% de la producción minera, pero el procesamiento chino convierte esa ventaja territorial en dependencia doble de los países consumidores (Columbia CGEP, 2022).

El problema dominante que motoriza la interacción es, como plantea el anexo, la explotación de la dependencia, es decir, la armamentización de la interdependencia. La trayectoria dinámica identificada en el modelo —concentración → dependencia → exposición → vulnerabilidad → menor capacidad de acción— se observa empíricamente con nitidez. Entre 2023 y 2025 China desplegó una secuencia de jugadas reguladoras y accionadoras: licencias de exportación sobre galio y germanio (julio 2023), extensión al grafito de alta pureza (octubre 2023), prohibición de exportación de esas sustancias a Estados Unidos (diciembre 2024) y controles sobre siete tierras raras medias y pesadas —terbio, disprosio, samario, gadolinio, lutecio, escandio e itrio— además de la tecnología de extracción y separación (Andersen Institute, 2026, AIE, 2025b).

En términos del modelo, estas medidas no buscan solo un efecto táctico comercial: redefinen la gramática de lo permitido, convierten el acceso a un insumo en objeto de escrutinio de usuario final y, sobre todo, demuestran que la dependencia acumulada puede convertirse en coerción. Como observa el Council on Foreign Relations, para 17 de los 34 materiales que la Unión Europea considera críticos China controla al menos el 70% de la minería o refinación global, lo que configura una red de cuellos de botella industriales que excede con mucho el caso emblemático de las tierras raras (CFR, 2026).

Conviene, no obstante, mantener la cautela metodológica que el propio documento exige: la posesión del instrumento coercitivo no prueba su eficacia plena, y algunas evaluaciones sugieren que los impactos de los controles de 2023 fueron más señal estratégica que asfixia efectiva (PIIE, 2024).

Las respuestas de los demás actores ilustran la trayectoria opuesta del modelo: diversificación → alternativas → menor dependencia → mayor autonomía → mayor capacidad de acción. Estados Unidos, tras reconocer oficialmente que no puede lograr seguridad mineral por sí solo porque el verdadero cuello de botella es la capacidad de procesamiento, ha combinado subsidios, acuerdos de aprovisionamiento y financiación estatal de proyectos como la cadena integrada de MP Materials, cuyo volumen inicial —mil toneladas de imanes frente a las 138.000 producidas por China en 2018— revela sin embargo la magnitud del rezago acumulativo (PIIE, 2026, CSIS, 2025).

La Unión Europea, por su parte, ha operacionalizado su estrategia mediante el Reglamento de Materiales Primas Críticas y la adopción, en marzo de 2025, de 47 Proyectos Estratégicos que cubren 14 de los 17 materiales estratégicos, con el objetivo de cumplir sus metas de extracción, procesamiento y reciclaje para 2030 en litio y cobalto, apoyados por financiación del Banco Europeo de Inversiones (HSF Kramer, 2026).

Rusia ocupa una posición particular dentro del sistema: es un actor con reservas significativas de níquel, paladio —cerca del 37% de la producción mundial—, titanio, escandio y uranio, pero las sanciones y la autoselección de compradores occidentales la han empujado a una reorientación hacia Asia y hacia una cooperación creciente con China, con la que comparte motivos geopolíticos para coordinar el control de minerales críticos (Columbia CGEP, 2022, Mining SEE, 2026).

Los países productores del Sur global —Argentina y Zimbabue en litio, Indonesia en níquel, la RDC en cobalto, Mozambique y Madagascar en grafito— ocupan posiciones de creciente centralidad minera, pero el modelo permite prever su dilema estructural: sin capacidades de procesamiento propias, su abundancia de recursos no se convierte automáticamente en poder, reproduciendo la asimetría entre extracción y valorización que el anexo identifica como núcleo de la cuestión geopolítica (AIE, 2025b, AIE, 2026).

El análisis a través de las contradicciones sistémicas del modelo permite formular la evaluación prospectiva. La contradicción entre eficiencia y autonomía explica que décadas de especialización y optimización de costos hayan producido la concentración actual: la diversificación exigirá que los actores occidentales acepten costos de entrada superiores durante años, y su viabilidad depende de credibilidad y cooperación aliada más que de capital o recursos geológicos (PIIE, 2026).

La contradicción entre coerción y adaptación sugiere, a su vez, que la eficacia del arma china tiene fecha de caducidad incierta: cada uso de los controles de exportación estimula la sustitución, la aceleración de proyectos alternativos y, como muestra el descenso leve de concentración en refinación de tierras raras ya registrado en 2025, la erosión gradual de la propia ventaja (AIE, 2026).

Finalmente, la apertura de una dimensión de reciclaje y economía circular —capaz de reducir entre 25% y 40% las necesidades de nueva minería hacia 2050— introduce una variable de autonomización a mediano plazo, aunque hoy la capacidad de reciclaje de baterías está, otra vez, concentrada en más de tres cuartas partes en China (AIE, 2026).

En síntesis, el control de los recursos estratégicos de la transición energética confirma la tesis central del Juego Económico: la competencia geopolítica se disputa menos por la posesión de riqueza que por el control de capacidades y posiciones dentro de redes de flujos.

China ha convertido centralidad en poder mediante una estrategia de integración vertical de décadas; Estados Unidos y la Unión Europea transitan una trayectoria de adaptación costosa y lentamente autonomizante; Rusia funciona como actor de reacomodo hacia el eje eurasiático; y los productores del Sur buscan, con éxito desigual, escapar de la posición de proveedores subordinados. La pregunta abierta que el propio modelo formula —¿cuándo la coerción económica deja de ser eficaz?— es precisamente la que definirá si la actual configuración oligopólica se reproduce o se transforma en la próxima década.

Referencias

  • Agencia Internacional de Energía. (2025a, mayo). Global Critical Minerals Outlook 2025: Executive summary. Enlace
  • Agencia Internacional de Energía. (2025b). With new export controls on critical minerals, supply concentration risks become reality. Enlace
  • Agencia Internacional de Energía. (2026). Global Critical Minerals Outlook 2026: Executive summary. Enlace
  • Andersen Institute. (2026). China's export control architecture and its use of critical minerals as strategic pressure points. Enlace
  • Arráez, F. (2026). El Juego Económico en la Geopolítica (Serie Modelo Teórico del Juego Geopolítico). Centro de Análisis de Juegos Geopolíticos. [Documento anexo]
  • Center on Global Energy Policy, Columbia University. (2022). Supply of critical minerals amid the Russia-Ukraine war and possible sanctions. Enlace
  • Center for Strategic and International Studies. (2025). The consequences of China's new rare earths export restrictions. Enlace
  • Council on Foreign Relations. (2026). Dismantling China's supply-chain weapon. Enlace
  • HSF Kramer. (2026, enero). The US and EU approaches to critical minerals and its implications for industry participants. Enlace
  • Mining South East Europe. (2026). Russia's mining industry shifts toward Asia as uranium, gold and critical minerals redefine the sector under sanctions pressure. Enlace
  • Peterson Institute for International Economics. (2024). China's export controls on critical minerals aren't starving the United States—at least so far. Enlace
  • Peterson Institute for International Economics. (2026). Is the US posing a hidden risk in the West's critical minerals strategy? Enlace

Entradas populares de este blog

“Introducción al Juego Geopolítico”: leer el poder donde no parece estar

Hans-Georg Gadamer: El Juego como Ontología

La política exterior latinoamericana en la permacrisis