Arquetipos de Actores Geopolíticos basado en Matus y Latour
Más allá del Estado: La
tipología funcional de actores en el Juego Geopolítico
Durante décadas, el análisis de las
relaciones internacionales ha operado bajo un supuesto que ya no resiste la complejidad
del sistema contemporáneo: que los Estados son los únicos actores relevantes y
que su poder se mide por atributos fijos como el territorio, el PIB o el gasto
militar. Esta visión estado-céntrica, heredada del realismo clásico, colapsa
cuando intentamos explicar por qué una macro-corporación tecnológica puede
condicionar la política exterior de una potencia, por qué un grupo armado
irregular puede paralizar el comercio global, o por qué Estados formalmente
soberanos terminan ejecutando agendas diseñadas desde otras capitales. El Juego
Geopolítico de Arráez propone una ruptura epistemológica con este paradigma al
sustituir la clasificación formal por una tipología funcional basada en dos
variables estructurales: la Capacidad de Influencia o Incidencia (Ci) y la
Capacidad de Definición de Reglas (Cr).
La idea medular que atraviesa este
artículo es que el poder en el sistema geopolítico contemporáneo no se posee de
manera absoluta, sino que se ejerce de forma relacional, situada y contingente.
Un mismo actor puede ser configurador en el juego tecnológico y reactivo en el
de seguridad militar; puede transitar de la cooperación al conflicto y, con
ello, metamorfosear su arquetipo funcional.
Esta comprensión obliga a abandonar
la fotografía estática del poder y a adoptar una lectura dinámica donde la
identidad estratégica del actor muta según el juego dominante, el campo de
disputa y el gradiente de cooperación o conflicto del sistema. El presente
texto desarrolla esta propuesta, la vincula con los fundamentos teóricos de Carlos Matus y Bruno Latour, e ilustra cada arquetipo con ejemplos contemporáneos
que demuestran su potencia explicativa.
Abstract
This article explores the functional typology of actors within the Geopolitical Game framework developed by Arráez, arguing that the traditional state-centric classification is analytically insufficient to explain contemporary power dynamics. Grounded in Carlos Matus's Social Game Theory and Bruno Latour's actor-network theory, the model classifies actors according to two structural variables: Capacity of Influence (Ci) and Capacity to Define Rules (Cr). This matrix yields four functional archetypes —configurers, adapters, disruptors, and reactive actors— each of which further mutates along a gradient ranging from high cooperation to hard conflict. Through contemporary examples, the article demonstrates that geopolitical identity is neither fixed nor formal, but relational, situated, and contingent upon the dominant game and the systemic state. The central insight is that power in the postnormal era is measured not by flags or formal sovereignty, but by the capacity to govern flows of information, capital, violence, and norms.
Palabras clave
Juego Geopolítico, tipología funcional de actores,
Capacidad de Influencia, Capacidad de Definición de Reglas, Carlos Matus, Bruno
Latour, actor-red, Teoría del Juego Social, poder relacional, arquetipos
geopolíticos.
Keywords: Geopolitical Game, functional actor
typology, Capacity of Influence, Capacity to Define Rules, Carlos Matus, Bruno
Latour, actor-network theory, Social Game Theory, relational power,
geopolitical archetypes.
Fundamentos
teóricos: Matus y Latour como raíces conceptuales
La tipología funcional del Juego
Geopolítico no surge de manera aislada, sino que se nutre de dos tradiciones
teóricas que, al combinarse, permiten superar tanto el determinismo estructural
como el voluntarismo ingenuo. Por un lado, la Teoría del Juego Social de Carlos Matus (2000) aporta la categoría
del actor como unidad de acción creativa, situada en una torre de observación
subjetiva, que interpreta el entorno desde un proyecto político y calcula sus
jugadas considerando las respuestas previsibles de los demás.
Matus introduce la noción de que el
poder no es un atributo estático sino una potencialidad dinámica que se
actualiza en la interacción, y que gobernar es interferir deliberadamente en el
juego social para transformar esa potencialidad en resultados tangibles. Esta
concepción permite trasladar al plano internacional una lógica donde no existe
un centro de conducción claro, sino una pluralidad de actores con capacidades
desiguales que co-producen el orden mediante interacciones estratégicas.
Por otro lado, Bruno Latour (200) aporta la perspectiva del actor-red, que
disuelve la frontera rígida entre lo humano y lo no humano, entre lo social y
lo técnico, entre lo estatal y lo no estatal. Para Latour, los actores son
actantes en una red sociotécnica cuya agencia depende de las alianzas,
tecnologías y discursos que logran movilizar. Esta perspectiva es decisiva para
comprender por qué una plataforma digital, una constelación satelital o un
algoritmo pueden funcionar como actores geopolíticos de primer orden, capaces
de alterar el cálculo interactivo de los Estados. La fusión de ambas tradiciones
permite al Juego Geopolítico construir una tipología que no se pregunta
"¿qué es formalmente este actor?" sino "¿qué puede hacer este
actor en el juego, en qué campo, bajo qué lógica, y con qué efectos sobre los
demás?".
La matriz Ci/Cr como eje de clasificación funcional
La innovación analítica central del
modelo reside en el cruce de dos variables que capturan dimensiones distintas
pero complementarias del poder. La Capacidad de Influencia o Incidencia (Ci)
mide la iniciativa y disposición de un actor para conducir los estados de la
realidad e imponer el juego dominante, estructurando el espacio de acción de
los demás. La Capacidad de Definición de Reglas (Cr), por su parte, opera en un
plano más profundo: no se ejerce dentro del juego, sino sobre el juego mismo,
permitiendo crear, modificar o imponer normas que reconfiguran las condiciones
de interacción para todos los participantes. Un actor puede tener alta Ci pero
baja Cr, lo que lo convierte en un jugador fuerte pero estructuralmente limitado;
otro con alta Cr puede compensar debilidades materiales al redefinir el marco
en el que se juega.
De este cruce emergen cuatro tipos funcionales de actores que
operan en el sistema internacional: los configuradores,
los adaptadores, los disruptores y los reactivos. Esta clasificación no es
una etiqueta formal sino una posición relacional que varía según el campo, el
tipo de juego y el momento de la dinámica. Lo que define al actor no es su
categoría jurídica, sino su capacidad efectiva para incidir en el juego y
reconfigurarlo.
Los actores configuradores: los arquitectos del juego dominante
Los configuradores poseen altos
niveles tanto de Ci como de Cr. No se limitan a participar en el sistema, sino
que lo moldean activamente, actuando como arquitectos del orden geopolítico y
estableciendo la gramática del juego dominante. Su poder se actualiza de formas
muy distintas según el gradiente del sistema.
En estados de alta cooperación,
operan como Arquitectos Hegemónicos o
Instituyentes, creando marcos multilaterales y estándares globales que son
internalizados por el resto. Un ejemplo paradigmático es la Unión Europea entre
2024 y 2026 en la gobernanza tecnológica y ambiental: mediante el AI Act y el
GDPR, la UE impone estándares globales de facto sin necesidad de coerción
militar, obligando a las macro-corporaciones estadounidenses y chinas a adaptar
sus operaciones para poder acceder a su mercado.
En estados de competencia
estructural, el configurador muta hacia el Hegemón
Transaccional, que weaponiza la interdependencia y controla nodos críticos.
Estados Unidos en la guerra tecnológica contra China ilustra este arquetipo: al
utilizar la Foreign Direct Product Rule y su control sobre las herramientas de
diseño de chips, Washington obliga a actores adaptadores como Países Bajos o
Japón a sumarse al bloqueo comercial contra Pekín bajo la amenaza de exclusión
financiera.
Finalmente, en estados de conflicto
duro, el configurador se revela como Depredador
Sistémico: EEUU en la campaña de destrucción de la infraestructura
energética o civil en su conflicto con Irán, suspende las reglas del derecho
internacional humanitario y ejecuta jugadas acumuladoras extremas para asfixiar
al adversario y forzarlo a negociar en términos rusos.
Los actores adaptadores: navegar el juego de otros
Los adaptadores poseen cierta
capacidad de acción pero carecen del poder para alterar las reglas del sistema.
Su proyecto se orienta a la viabilidad, la extracción de rentas geopolíticas y
la supervivencia dentro de los márgenes permitidos.
En alta cooperación, encarnan al Integrado Beneficiario: Corea del Sur
acepta someterse a los controles de exportación estadounidenses contra China y
se integra en marcos como los Acuerdos de Artemisa o el diálogo iCET,
calculando que el costo de desafiar al configurador es existencial y que su
mejor estrategia es convertirse en el aliado tecnológicamente más avanzado
dentro de las reglas que otro ha definido.
En competencia estructural, el
adaptador se transforma en Equilibrista
Pragmático. India entre 2024 y 2026 ilustra este arquetipo con maestría:
compra petróleo ruso con descuentos desafiando las sanciones occidentales
mientras profundiza su cooperación en inteligencia y defensa con Estados Unidos
y Japón a través del Quad. Su razón tecnopolítica navega la superposición de
juegos, rechazando los ultimátums de los configuradores y convirtiendo su
propia "no alineación" en un recurso estratégico que le permite
extraer tecnología, inversiones y armamento de todas las facciones.
En conflicto duro, el adaptador se
reduce a Superviviente Subordinado:
el Estado libanés atrapado entre Israel, Irán y Estados Unidos entre 2024 y
2026 carece de Cr y ha visto colapsar su Ci, limitándose a gestionar la
devastación y depender de la asistencia externa para evitar el colapso
humanitario total.
Los actores
disruptores: la incertidumbre dura como recurso
Los disruptores poseen una Ci
general limitada pero una Cr significativa en contextos específicos. Su
proyecto no es imponer un orden global sino hacer que el juego dominante sea
ingobernable o costoso para los grandes poderes.
En alta cooperación, operan como Innovadores Marginales: las redes de
finanzas descentralizadas y los colectivos transnacionales de criptoactivos han
ejercido una Cr masiva en el campo digital al crear protocolos de intercambio
que operan fuera del sistema SWIFT, obligando al FMI y al Tesoro de Estados
Unidos a desarrollar nuevos marcos regulatorios.
En competencia estructural, el
disruptor se convierte en Hacker
Geopolítico. Los Hutíes en el Mar Rojo entre 2023 y 2026 weaponizaron
drones comerciales y misiles de bajo costo para alterar las reglas de la
seguridad marítima global, obligando a las potencias occidentales a desplegar
coaliciones navales costosas y a redirigir el comercio global.
En conflicto duro, el disruptor se
consolida como Insurgente Sistémico:
las corporaciones militares privadas y redes de mercenarios transnacionales
como el Africa Corps en el Sahel entre 2024 y 2026 rompen las reglas
westfalianas de la soberanía y reconfiguran la gobernanza territorial,
obligando a potencias como Francia a abandonar territorios enteros ante un
enemigo casi tan poderoso como ellos.
Los actores reactivos: el sustrato sobre el que se descarga el
intercambio de problemas
Los reactivos poseen niveles
marginales o nulos de Ci y Cr. Su proyecto se reduce a la supervivencia y a la
absorción de las externalidades negativas generadas por los demás.
En alta cooperación, funcionan como
Beneficiarios Pasivos: los Estados
Insulares en Desarrollo como Tuvalu o las Islas Marshall carecen de poder para
imponer reglas a los grandes emisores de carbono, pero utilizan su condición de
víctimas existenciales del cambio climático para extraer fondos de adaptación
de la Unión Europea y Estados Unidos.
En competencia estructural, se
manifiestan como Resilientes Locales:
las redes de migración forzada y las economías informales en el Tapón del
Darién sobrevivieron mediante la informalidad y el contrabando de subsistencia,
convirtiéndose en una variable demográfica incontrolable que obliga a los
configuradores a desviar recursos hacia despliegues de seguridad costosos.
En conflicto duro, el reactivo se
reduce a Víctima Colateral: la
población civil y los desplazados internos en Sudán entre, atrapados en una
guerra por proxy entre las Fuerzas Armadas Sudanesas, las Fuerzas de Apoyo
Rápido y potencias regionales como Emiratos Árabes Unidos, carecen de toda
agencia y existen en el sistema únicamente como el sustrato biológico y social
que soporta el peso bruto de la incertidumbre dura. Su condición evidencia una
verdad sistémica incómoda: el sistema internacional no puede funcionar sin
ellos, pues son el amortiguador humano que absorbe los costos de la competencia
global.
La contingencia del arquetipo: migración y gradiente
Una segunda idea medular que emerge
del modelo es que la tipología funcional no es estática ni rígida, sino
profundamente relacional, asimétrica y situada. La categoría de un actor puede
variar drásticamente dependiendo del campo en el que se evalúe y del tipo de
juego que domine la coyuntura.
Un actor puede ser configurador en
el juego tecnológico pero reactivo en el de seguridad militar. El gradiente
entre cooperación y conflicto no es un escenario pasivo, sino un catalizador
que altera la razón tecnopolítica de los actores, redefiniendo constantemente
qué jugadas son viables, legítimas y letales en la disputa por la imposición
del juego dominante.
Esta comprensión obliga al analista
a evaluar el poder no como un atributo absoluto, sino como una capacidad
dinámica que se ejerce en la interacción constante y en el cálculo interactivo
con los otros. La etiqueta de "estatal" o "no estatal" es
solo un punto de partida formal, pero analíticamente insuficiente. Lo que
define al actor en el campo de juego es su capacidad para ejecutar jugadas
reguladoras, acumuladoras o accionadoras en los cuatro campos (territorial,
satelital, digital, cognitivo) y su posición en la matriz de Ci y Cr.
Mientras el Estado lucha por
mantener su monopolio territorial y su legitimidad en un mundo fragmentado, los
actores no estatales han colonizado los flujos, las redes y las mentes,
demostrando que en la geopolítica contemporánea el poder ya no se mide por la
extensión de la bandera, sino por la capacidad de gobernar los flujos de información,
capital, violencia y normas que estructuran la realidad global.
Conclusiones
El Juego Geopolítico permite
comprender algo que los marcos tradicionales no logran capturar: que la
identidad estratégica de un actor no se define por su naturaleza formal, sino
por su posición funcional en el sistema y por su capacidad para ejecutar
jugadas que reconfiguran el juego.
La tipología basada en Ci y Cr,
enraizada en la Teoría del Juego Social de Matus y en la teoría del actor-red
de Latour, ofrece una herramienta analítica que rompe con el estado-centrismo y
permite explicar por qué actores formalmente débiles pueden alterar el cálculo
interactivo de las grandes potencias, y por qué actores formalmente fuertes
pueden verse constreñidos por reglas que no controlan.
La implicación estratégica es
profunda: el análisis geopolítico riguroso exige abandonar la fotografía
estática del poder y adoptar una lectura dinámica donde el arquetipo funcional
del actor muta según el juego dominante, el campo de disputa y el gradiente de
cooperación o conflicto.
Solo así es posible navegar la
complejidad de los tiempos postnormales, donde la incertidumbre es la única
constante y la capacidad de adaptación la única ventaja sostenible. El poder,
en última instancia, no se posee: se ejerce en la interacción, se redefine en
el cálculo interactivo y se pierde cuando se ignora que el oponente también
calcula.
Referencias
Arráez, F. (2026). El Juego
Geopolítico. Mérida: Edición del autor.
Arráez, F. (2026). Arquetipos de
Actores en el Juego Geopolítico. Mérida: Centro de Análisis de Juegos
Geopolíticos.
Latour, B. (2005). Reassembling the
Social: An Introduction to Actor-Network-Theory. Oxford University Press.
Matus, C. (2000). Teoría del Juego
Social. Caracas: ALTADIR.
Matus, C. (2021). Teoría del Juego
Social (2a ed. revisada). Universidad Nacional de Lanús.