Escenarios geopolíticos
La evolución reciente de la política exterior de Donald Trump ha reabierto un debate profundo sobre la dirección del sistema internacional. Más allá de las decisiones puntuales —aranceles comerciales, sanciones económicas o el conflicto con Iran— la cuestión central para analistas y centros de pensamiento es si el mundo está presenciando un giro estructural en la política exterior estadounidense o, más bien, una serie de decisiones tácticas que, acumuladas, están produciendo efectos sistémicos inesperados. En el trasfondo de esta discusión aparece una preocupación recurrente en la literatura de política internacional: cuando el proceso de toma de decisiones en una potencia dominante se vuelve errático o altamente centralizado, las repercusiones no se limitan a su política interna sino que pueden alterar el equilibrio global (Allison & Zelikow, 1999).
Primero: aceleración de la transición hacia un sistema multipolar más conflictivo.
Uno de los efectos más visibles de este proceso es
la aceleración de la transición hacia un sistema internacional más claramente
multipolar. Durante las décadas posteriores a la Guerra Fría, el orden global
estuvo marcado por la primacía estadounidense, sostenida no solo por su poder
militar y económico sino también por la previsibilidad de su liderazgo y su red
de alianzas. Sin embargo, las tensiones comerciales, el uso creciente de
aranceles como herramienta geopolítica y la disposición a actuar
unilateralmente en crisis internacionales han generado incertidumbre entre
aliados y adversarios por igual. En este contexto, potencias como Xi Jinping
en China y Vladimir Putin en Russia han intensificado sus
esfuerzos por ampliar su margen estratégico, acelerando la construcción de
capacidades económicas, tecnológicas y militares que reduzcan su dependencia
del sistema dominado por Washington (Zakaria, 2024).
Segundo: creciente fragmentación del orden económico global.
Paralelamente, el orden económico internacional
experimenta un proceso de fragmentación creciente. La globalización de las
últimas tres décadas se basó en la premisa de que la interdependencia económica
reduciría los incentivos para el conflicto. Sin embargo, la creciente
instrumentalización del comercio —a través de aranceles, sanciones financieras
y restricciones tecnológicas— ha transformado esa interdependencia en un
instrumento de poder político. Analistas han descrito este fenómeno como la
“weaponization of interdependence”, un proceso mediante el cual los Estados
utilizan su posición en redes económicas globales para presionar o aislar a
otros actores (Farrell & Newman, 2019). El resultado es una reorganización
gradual de las cadenas de suministro, la regionalización de los flujos
comerciales y la emergencia de bloques económicos parcialmente diferenciados.
Tercero: aumento del riesgo de crisis regionales con efectos globales.
En este contexto, el conflicto con Iran
adquiere una importancia estratégica particular. Irán ocupa una posición
geopolítica crítica en el sistema energético global, en gran parte por su
proximidad al Estrecho de Hormuz, un corredor marítimo por el que
transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. Cualquier
escalada militar en la región tiene el potencial de desencadenar efectos
económicos globales inmediatos, desde interrupciones en el suministro
energético hasta aumentos significativos en los precios del petróleo. Por esta
razón, varios analistas han advertido que una confrontación prolongada con Irán
podría tener consecuencias que trascienden el ámbito regional y afecten la
estabilidad económica internacional (Friedman, 2023).
Además del impacto económico, el conflicto plantea
interrogantes sobre la lógica estratégica que guía la política exterior
estadounidense. En ausencia de una amenaza directa e inmediata, las operaciones
militares contra Irán han sido interpretadas por algunos expertos como una
forma de guerra preventiva, una doctrina que históricamente ha generado
controversias dentro del derecho internacional y entre los aliados de Washington
(Haass, 2021). Este tipo de decisiones, cuando no se acompañan de una
estrategia clara para el escenario posterior al conflicto, pueden producir
dinámicas de escalada difíciles de controlar y fortalecer las posiciones
internas de los sectores más radicales dentro del país atacado.
El resultado es un sistema internacional cada vez
más volátil, caracterizado por una mayor frecuencia de crisis regionales con
potencial de expansión global. En términos históricos, esta dinámica recuerda a
otros periodos de transición geopolítica en los que la distribución del poder
internacional se encontraba en transformación. Como señalan diversos estudios
de historia estratégica, los grandes cambios en el equilibrio global rara vez
surgen de un plan deliberado; más bien emergen de una acumulación de decisiones
tácticas que, al interactuar entre sí, terminan produciendo un reordenamiento
estructural del sistema internacional (Kennedy, 1987).
Entonces, ¿hacia dónde parece dirigirse el sistema internacional?
En ese sentido, el panorama actual podría estar
señalando el inicio de una fase de “multipolaridad competitiva”, en la cual
varias potencias relevantes compiten por influencia dentro de un marco
institucional más débil y menos predecible. Estados Unidos continúa siendo el
actor dominante en términos militares y financieros, pero su capacidad para
organizar el sistema internacional depende cada vez más de la coherencia
estratégica de sus decisiones y de la credibilidad de su liderazgo. Si las
tensiones actuales —comerciales, militares y políticas— continúan acumulándose,
el resultado podría ser un mundo más fragmentado, con mayor incertidumbre
estratégica y con un riesgo creciente de crisis regionales que escalen hacia
conflictos de mayor alcance.
En última instancia, la pregunta clave no es
únicamente hacia dónde se dirige la política exterior de Washington, sino si
las decisiones adoptadas en este periodo representan un episodio coyuntural
vinculado a un liderazgo específico o el inicio de una transformación más
profunda en la forma en que Estados Unidos ejerce su papel en el sistema internacional.
La respuesta a esa pregunta determinará en gran medida la configuración del
orden global en las próximas décadas.
Referencias (APA 7)
·
Allison,
G., & Zelikow, P. (1999). Essence of decision: Explaining the Cuban
Missile Crisis (2nd ed.). Longman.
·
Farrell,
H., & Newman, A. (2019). Weaponized interdependence: How global economic
networks shape state coercion. International Security, 44(1), 42–79.
·
Friedman,
G. (2023). The storm before the calm: America’s discord, the coming crisis
of the 2020s, and the triumph beyond. Doubleday.
·
Haass, R.
(2021). The world: A brief introduction. Penguin Press.
·
Kennedy,
P. (1987). The rise and fall of the great powers: Economic change and
military conflict from 1500 to 2000. Random House.
·
Zakaria,
F. (2024). Age of revolutions: Progress and backlash from 1600 to the
present. W. W. Norton.
