El Canal de Panamá en el juego estratégico entre Estados Unidos y China: un campo activo de poder
El Canal de Panamá no es únicamente una pieza de infraestructura; es un campo estratégico en el juego de poder global entre Estados Unidos y China, con implicaciones directas para la geopolítica global, el comercio mundial y las reglas implícitas que ordenan la competencia entre grandes potencias.
En los últimos dos años, esa competencia se ha manifestado con gran
claridad a través de decisiones políticas, jurídicas y económicas que no solo
reflejan intereses comerciales, sino también estructuras de incentivos y disputas por el control de rutas críticas del
sistema internacional.
A continuación, analizo esta dinámica desde el marco del Juego
Geopolítico, integrando la información más reciente.
1. El Canal de Panamá como campo estratégico
El Canal es una arteria vital para el comercio mundial: facilita un
porcentaje considerable del tránsito marítimo entre océanos y es fundamental
para las exportaciones y la logística de grandes potencias. En 2024 más de tres
cuartas partes del tránsito correspondió a Estados Unidos y China fue un socio
significativo del flujo comercial que cruza la vía.
Su importancia es clara desde lo funcional:
- Puente logístico entre océanos,
reduciendo tiempos y costos de envío.
- Nodo de energía y comercio global
(transporte de GNL, productos manufacturados, materias primas).
- Elemento de seguridad estratégica para
el despliegue naval y la proyección de capacidades.
Pero el Canal no opera en el vacío: su control y su entorno portuario son puntos de tensión en la rivalidad
geopolítica entre Washington y Beijing.
2. Las reglas explícitas e
implícitas en disputa
Reglas explícitas: El Canal
está regido por un tratado firmado con Estados Unidos y entregado a Panamá en
1999, que garantiza su neutralidad y libre tránsito para todos los países.
Formalmente, ninguna potencia puede apropiarse del Canal. Esta neutralidad es
el fundamento legal sobre el que se construye su operación internacional.
Reglas implícitas: Sin embargo, el juego real ocurre en el terreno de
lo que puede influenciarse sin
violar abiertamente tratados:
- control
de infraestructura aledaña (puertos en ambos extremos),
- inversiones
estratégicas en nodos logísticos y empresariales,
- alianzas
estratégicas con el gobierno panameño y grupos de poder económico,
- y la
capacidad de moldear percepciones internacionales sobre seguridad y
soberanía.
Estas reglas implícitas se activan cuando un actor ve que la narrativa
de “neutralidad” puede transformarse en una oportunidad para posicionar influencia sin romper formalmente la
neutralidad del Canal.
3. El conflicto sobre los
puertos: un pulso por nodos claves
En los últimos meses, la Corte
Suprema de Panamá declaró inconstitucionales los contratos de concesión que
permitían a la compañía hongkonesa CK Hutchison operar los puertos de Balboa y
Cristóbal —dos puntos críticos de acceso al Canal.
Esa decisión no fue meramente técnica: desarticula una pieza del entramado de infraestructura
china alrededor de la vía y reconfigura quién tiene voz dentro del campo
de decisión geopolítica sobre el Canal.
Los puertos en cuestión habían sido operados por Hong Kong-based CK
Hutchison Holdings durante décadas bajo concesiones generosas. Su intento de
vender esa participación mayoritaria —inclusive como parte de un paquete de más
de 40 puertos globales valorado en unos 23 000 millones de dólares— a un
consorcio liderado por la firma estadounidense BlackRock y MSC se encontró con vetos, presiones políticas y ahora
un fallo judicial que paraliza o reordena la operación. (Reuters)
Beijing reaccionó con firmeza, calificando como “absurda” y “vergonzosa”
esa anulación, advirtiendo de posibles repercusiones políticas y económicas
sobre Panamá. (Reuters)
Este episodio expone varias reglas implícitas del juego:
- La
infraestructura crítica no es neutral aunque formalmente lo sea.
Controlar puertos clave alrededor del Canal puede traducirse en capacidad
de observación, logística y presión estratégica sobre flujos comerciales.
- Los
acuerdos comerciales pueden convertirse en palancas de legitimación o de
presión. La anulación de concesiones sirve no solo a
una función legal interna, sino como signo político ante Washington y
Pekín.
- El
campo se redefine antes de que el tablero se vea alterado. Panamá
reconfigura su entorno normativo para evitar percepciones de hegemonía
extranjera que puedan derivar en medidas más directas de poderes externos.
4. Estados Unidos y China:
actores en pugna por narrativa y por posiciones
Desde Estados Unidos, varios actores han planteado con lenguaje
explícito la percepción de que la presencia china alrededor del Canal
constituye una amenaza estratégica —incluso sugiriendo que “China opera” o
podría condicionar el Canal— pese a que Panamá mantiene su soberanía formal.
Altos funcionarios estadounidenses han afirmado que Washington y Panamá
han fortalecido mecanismos de defensa y cooperación para evitar que “China o
cualquier otro país amenace las operaciones del Canal”.
Desde Beijing, la respuesta ha sido acusar a Estados Unidos de fabricar
narrativas y tratar de emplear presión geopolítica para influenciar decisiones
soberanas de Panamá.
Este intercambio de narrativas refleja una regla del juego geopolítico: más allá del control efectivo del territorio,
el poder se disputa en el terreno de la interpretación estratégica y de las
percepciones de amenaza e interés. Quien consigue fijar la narrativa
dominante sobre el Canal puede influir en el comportamiento de terceros
—gobiernos, mercados, alianzas multilaterales— mucho antes de cualquier despliegue
material.
5. El campo Panamá: soberanía
versus presión externa
Panamá ha reaccionado con una mezcla de reafirmación de soberanía y
pragmatismo estratégico. El presidente José Raúl Mulino ha defendido
públicamente la independencia del país respecto a influencias externas y su
voluntad de que el Canal opere bajo el principio de neutralidad.
Al mismo tiempo, la decisión legal interna de suspender contratos que
beneficiaban a una empresa de origen chino ha sido interpretada por Washington
como un paso en la dirección de reducir la influencia de Pekín, generando un
respaldo explícito de Estados Unidos a las acciones panameñas.
Desde el Juego Geopolítico,
este es un punto crucial: Panamá no
está del lado de nadie necesariamente, pero sus decisiones normativas y
judiciales reconfiguran el campo de incentivos de los jugadores externos. Al
modificar las reglas del entorno —la constitucionalidad de concesiones, la
interpretación de soberanía, la apertura de puertos a actores distintos— Panamá
transforma las posiciones posibles de Estados Unidos, China y otros actores
relevantes.
Por supuesto, esto de la constitucionalidad es algo que debieron revisar
antes de la firma. Más bien, esto puede parecer una excusa para justificar el
que se ceda ante presiones estadounidenses. Esto estaría mostrando que en el
Juego Geopolítico, el poder es esencial y los que poseen menos capacidades son
piezas en el campo de juego.
6. Dinámicas no lineales y
apuestas estratégicas
Lo que ocurre alrededor del Canal de Panamá no es una simple disputa
comercial por terminales o concesiones. Cada jugada activa efectos de segundo y
tercer orden:
- Redistribución
de posiciones geoeconómicas: la anulación de contratos
abre espacio para que actores (estadounidenses, europeos o asiáticos)
reconfiguren el control de infraestructura logística global.
- Reconfiguración
de alianzas: Panamá puede usar su posición para equilibrar
incentivos entre grandes potencias.
- Narrativas
de legitimidad: Estados Unidos utiliza el caso para reafirmar
la idea de que América Latina y sus infraestructuras críticas deben estar
bajo control de occidente, mientras China interpreta las acciones como
maniobras hegemónicas y ruptura de acuerdos.
- Transiciones
legales y políticas internas: las decisiones judiciales y
auditorías generan incentivos para otros países que comparten
preocupaciones de soberanía sobre infraestructura crítica, marcando precedentes.
Esta complejidad refleja la no-linealidad: un fallo judicial sobre
contratos puede distorsionar acuerdos comerciales, relaciones bilaterales y
estrategias de inversión a largo plazo, no solo en Panamá, sino en toda América Latina como campo de influencia
entre grandes potencias.
Conclusión: el Canal como juego,
no como premio
El Canal de Panamá no es un
trofeo que uno u otro poder conquista de forma definitiva. Es un campo
en el que se juegan:
- narrativas
estratégicas,
- legitimidades
institucionales,
- alianzas
regionales y globales,
- y el
control indirecto de flujos materiales y simbólicos del sistema mundo.
Los movimientos en torno a puertos, contratos y narrativas de influencia
no reflejan solo intereses económicos, sino estructuras de poder y reglas de juego que condicionan opciones
estratégicas.
En ese campo de juego, Panamá mismo no es un peón pasivo: sus decisiones
normativas reconfiguran el campo de fuerzas externas. La pregunta clave ya no
es quién controla el Canal de Panamá, sino cómo se disputan y negocian las reglas que definen qué significa
“control” en un mundo donde las potencias compiten sin declarar formalmente
guerra.
El Canal es, en definitiva, una olimpíada del juego geopolítico
contemporáneo, donde la soberanía, la infraestructura, las narrativas y los
incentivos se intersectan de formas que ninguna potencia puede imponer un
resultado absoluto sin transacciones estratégicas complejas.
