Gestionar en complejidad e incertidumbre
Los tiempos actuales pueden ser resumidos en dos palabras: complejidad e incertidumbre. Esto genera grandes implicaciones en el entorno de las decisiones públicas y en la capacidad y funciones críticas de gobiernos para la transformación de la realidad en el sentido deseado.
La situación para los gobernantes y las instituciones que dirigen es cada vez más limitada por la falta de preparación de las organizaciones estatales para enfrentar la complejidad del mundo actual. La mayoría de las formas institucionales que rigen la gestión pública, en casi toda Latinoamérica, datan del siglo XIX para un contexto diferente al actual, por lo que no se adaptan a las necesidades de hoy. Esto puede conducirles a llevar respuestas inadecuadas o ineficientes ante los problemas sociales, económicos y de toda índole que le manifiestan desde diferentes sectores y actividades.
La situación actual presenta una nueva configuración de lo social a partir de la presencia de una red de interconexiones basada en las nuevas tecnologías, que acorta distancias físicas y personales. No es una sociedad homogénea que presenta similares necesidades, más bien posee intereses diversos. Esta es la complejidad derivada de las tecnologías de información y comunicación. Se administra y se perciben las acciones en tiempo real. Las respuestas son inmediatas de parte de las comunidades y sectores de la sociedad. Este fenómeno no es considerado por los gestores públicos.
La complejidad y la incertidumbre son características inherentes del mundo actual. En este contexto los procesos socio-institucionales son cada vez más interconectados y las organizaciones deberían estar en constante cambios internos. Existe una necesidad creciente de que los gobiernos y sus organismos se adapten a este entorno cambiante, para enfrentar los desafíos de la complejidad. No se puede esperar que la actual administración pública ejerza su rol con eficiencia con instituciones que mantienen una estructura de forma jerárquica y homogénea para atender una sociedad horizontal y diversa. Acá no se trata de fortalecer las estructuras actuales más bien se trata de reconfigurar las instituciones para que desarrollen capacidad de atender y procesar los problemas de la sociedad en este contexto complejo y lleno de incertidumbres.
Las características del entorno en que los gobiernos intervienen demanda nuevas visiones y en correspondencia exigen nuevas prácticas de trabajo por parte de los actores[3] sociales públicos.
Muchos han caracterizado el entorno actual como: volátil, incierto, complejo y ambiguo. Ilya Prigogine y la teoría del caos han hecho importantes aportes a la comprensión de la complejidad e incertidumbre en los tiempos actuales. Estas ideas pueden ayudar en la reflexión y reconfiguración de las instituciones. A continuación, se listan algunos de ellos:
1. El principio de la auto-organización: Prigogine propuso que los sistemas complejos, como las sociedades humanas, se auto-organizan para adaptarse a su entorno cambiante. Esto significa que la estructura de un sistema complejo no es fija, sino que cambia constantemente en respuesta a las condiciones cambiantes.
2. La importancia de las bifurcaciones: Se ha demostrado que pequeñas perturbaciones en un sistema pueden tener efectos significativos y no lineales, lo que puede llevar a bifurcaciones y cambios dramáticos en el comportamiento del sistema.
3. La irreversibilidad del tiempo: La teoría argumenta que los sistemas complejos son irreversibles y no pueden ser explicados por leyes físicas simples y deterministas. En cambio, los sistemas complejos son altamente sensibles a las condiciones iniciales y a menudo dan lugar a comportamientos impredecibles.
4. Los sistemas complejos son adaptativos: Los sistemas complejos tienen la capacidad de adaptarse y cambiar en respuesta a cambios en su entorno. Esto significa que los sistemas complejos pueden mantener su equilibrio dinámico a pesar de las perturbaciones.
5. La no-linealidad de los sistemas complejos: Los sistemas complejos no son lineales y que tienen múltiples niveles de organización y retroalimentación. Esto significa que los cambios en un nivel pueden afectar a todos los demás niveles del sistema, lo que lleva a comportamientos y resultados impredecibles.
En conjunto, los aportes de Prigogine y la teoría del caos son fundamentales para la comprensión de los sistemas complejos y su comportamiento en los tiempos actuales de incertidumbre.
El propósito de atender la reconfiguración de las instituciones es afinar las acciones con la cual la Política enfoca su gestión y permitirle gobernar el proceso de producción de políticas en función de las prioridades definidas en el proyecto de gobierno legitimado por la sociedad[4].
Esta reconfiguración no solo se dirige a los componentes de la estructura organizacional de las instituciones públicas, prioriza la formación del talento humano que llevará a cabo los procesos de transformación desde adentro.
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[1] El término preparación alude a la disposición de su estructura y su dinámica. La estructura produce el comportamiento El comportamiento depende de cómo se conectan sus partes Mientras que la dinámica refiere al comportamiento transitorio, entre un estado y otro, en el tiempo. Esto es englobado en la idea de configuración.
Las partes o la estructura tienden a ser especializada en departamentos por áreas de conocimientos mientras que los problemas de la sociedad transversalizan esas áreas de conocimiento. La praxis social es diferente a la praxis de las ciencias. Igual ocurre con la dinámica de las instituciones y el tiempo que transcurre entre una decisión y su puesta en práctica.
[2] Se hace referencia a los diversos niveles de gobierno: nacional, estadal o regional y municipal o local. Además del intrincado sistema institucional de la administración descentralizada compuesta por institutos, fundaciones y empresas del Estado.
[3] Un actor social se convierte en tal cuando: posee capacidad autónoma de decisión, capacidad de movilizar recursos para llevar a cabo sus decisiones y y alcanzar sus objetivos, capacidad de diferenciarse de otros actores en sus estrategias.
[4] Matus propone el Triángulo de Gobierno para señalar la relación existente entre una visión clara del proyecto de gobierno y el desarrollo de capacidades para llevarlo a cabo, en los niveles de gobernabilidad pertinente a los procesos, proyectos y operaciones que se proponen como curso de acción para alcanzar el proyecto deseado.